13062014

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National Library of Scotland – Dominio Público

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14 microrrelatos en la imagen “13062014

  1. El soldado llevaba un par de horas despidiéndose de sus hijas. En realidad, apenas hablaban; les bastaba con apretarse las manos y caminar en silencio. ¿Dónde estaban los legisladores, los políticos, los jueces y los abogados ahora, para ver la cara de sufrimiento de sus hijas? A la vuelta de cada fin de semana alterno y de los quince días en verano, siempre ocurría lo mismo: las niñas no querían volver al frente oriental con su madre.

     
  2. Juegos de guerra
    Él soldado fue hecho prisionero por el ejército de niños. Al principio, pensaba que era un juego. Almas inocentes que habían sobrevivido al bombardeo, miradas traviesas sin esperanza. Un voraz vacío en sus estómagos radioactivos.
    El soldado los acompañó con una sonrisa hasta su templo, donde harían la ceremonia.
    Fumaremos la pipa de la Paz, decían entre dientes mellados, la fumaremos después de comer.
    Al principio, pensaba que era un juego.

     
  3. DOCTOR DEATH
    Se vestía de soldado inglés y sacaba del campo a los niños más frágiles diciéndoles que los llevaba junto a sus padres. Cuando los devolvía a los mismos barracones de los que habían salido, el doctor Aribert Heim apuntaba con escrúpulo las distintas reacciones de sus cobayas. Llantos, gritos, vómitos, excreciones involuntarias… todo era anotado y clasificado por el bien de la ciencia y del Tercer Reich.

     
  4. OSCURA COMPAÑÍA

    El camino hacia la batalla es pesaroso. Jenny y Martha, me custodian una a cada lado. Están tan guapas con esos sombreros que les compré para la última excursión al lago. A Martha se le cayó de la canoa y el agua brava se lo tragó. Le prometí comprarle otro pero nos alcanzó la guerra: yo marché al frente y la aviación enemiga bombardeó mi ciudad. Me susurran “pronto volveremos a estar juntos, papá” y no sé si reír o llorar mientras ando camino a mi muerte.

     
  5. Ellas son nuestro sustento. Es por ellas y otras como ellas por lo que somos capaces de soportar todo este horror. El miedo, el hambre, el frío, la soledad. Para algunos la muerte. El simulacro de vida del que ellas disfrutan alimenta nuestros sueños y nuestro espíritu. Ellas proporcionan también a nuestros cuerpos maltrechos la energía necesaria para continuar con la lucha en este largo y miserable invierno. Mis hombres no saben lo literal que se ha vuelto esta frase durante los últimos meses.

     
  6. HÉROE
    De su pelotón, solo él consiguió llegar ileso a la trinchera enemiga. Cubierto de barro y sangre de sus compañeros, anuló un nido de ametralladora y descuartizó a un oficial alemán a golpe de bayoneta. Fue condecorado, adulado y su pederastia considerada como un simple divertimento pasajero y sin importancia. Siempre y cuando —le advirtió su coronel— las niñas no fuesen anglosajonas.

     
  7. PLUS DE PELIGROSIDAD

    Los llamaban las niñeras y tenían que cambiarlos casi cada semana. Después de todo, por mucho que fueran capaces de reventar cabezas con un simple parpadeo, las Niñas no eran tan diferentes de las homo sapiens de su edad. Si no las consentías hasta el último de su caprichos se enfadaban. Mucho.

     
  8. Papá

    Las recoge en el orfanato y las saca a pasear. Es su trabajo desde que una bala le destrozó la rodilla. Deja que le llamen papá. Como hacen todas esas otras niñas, las mismas que día tras día le miran con avidez y esperan, ansiosas, su turno, mientras en el frente se suceden las bajas.

     
    • Ha nevado, pero no tengo frío. Las niñas se han estremecido cuando les he dado mi mano, pero se han agarrado a ellas, porque ahora soy lo único que tienen. Caminamos, solo puedo pensar en encontrar un lugar seguro antes del próximo bombardeo, un lugar en el que pueda dejarlas y sentir la tranquilidad de que están bien.
      La pequeña aún deja sus pequeñas huellas sobre la nieve, la mayor ya tiene la mano tan fría como la mía. Empieza a flotar.

      Nota: Si me permitís una sugerencia ¿No podriais poner el link en la página de FB o por Twitter cuando salga una foto nueva?

       
  9. Recuerdo el momento.
    La llevaba otro soldado, me contaron que era una cámara. Tuve miedo, pensé que haría un fuerte ruido. Recodarlo ahora me provoca una sonrisa algo triste.

    La noche había sido resplandeciente, el cielo estuvo plagado de ráfagas de luz. Eran bombas, nos contaron, cada vez más cercanas. Como un relámpago, tras el fogonazo, un estruendo, cada vez más intenso. Después llegó el silencio y, por la mañana, camiones con soldados que hablaban un idioma que no entendíamos, alguien nos contó que eran liberadores.

    Ese alguien era padre. Tengo una imagen borrosa de él, construida a partir de las dos fotos que conservamos, la de la boda con madre y otra en uniforme. Liberadores fue la última palabra que recuerdo salida de sus labios. Luego, se lo llevaron.

    Estábamos en nuestro dormitorio, mamá lloraba. Yo la abrazaba. En el patio oí ruidos, entreabrí las tablillas de la persiana. Padre y varios de sus amigos estaban contra la pared con los ojos vendados, en el otro lado, los liberadores. Dijeron tres palabras y un fuerte ruido me hizo caer al suelo.

    “Ahora eres libre”, le contaba ese soldado a mi hermana mientras abandonábamos la casa. Madre no estaba, se quedó llorando para siempre en esa habitación.

     
  10. El soldado Williams sigue estrictamente el manual. Hablarle a las niñas con un tono tranquilizador, disfrazar en forma de cuento las instrucciones, hacer que dirijan su mirada hacia el helicóptero como si fuera un juego. Conseguir que no miren hacia abajo, que no se den cuenta de que el suelo está desapareciendo bajo sus pies, al igual que lo harán las casas y el entorno. La única forma de no caer, de sobrevivir a las bombas borradoras, es ignorando sus efectos.

     
  11. La guerra era cosa de niños. Los adultos estaban demasiado ocupados con sus trabajos de sol a sol y pagando hipotecas descomunales como para hacer la guerra. Así que cada mañana su padre las llevaba al frente para que desactivasen las minas con sus manos de dedos diminutos o corriesen de trinchera en trinchera evitando los disparos enemigos.
    Los niños del otro bando llevaban todos el mismo uniforme marrón y recitaban la tabla del 2 cuando atacaban. Los del suyo vestían de azul y cantaban Frère Jacques a coro, porque daban francés, y eso indudablemente les hacía mejores. Aun así, todos paraban a la hora del recreo a recoger a los caídos. Para cuando sonaba la campana el patio de alambre y barro ya estaba limpio de nuevo y se reanudaba el fuego.
    La guerra era indudablemente cosa de niños. Los adultos no tenían tiempo ni para ella ni para ellos. Y si un padre no tiene tiempo para hijos, qué mejor que deshacerse de la distracción que son los niños.

     
  12. Las pequeñas agarraban con fuerza las manos del soldado, confiadas en que él sería su salvador. Aleccionadas por su madre las niñas sabían que si alguno de los continuos bombardeos mataban a sus padres, como así había ocurrido, debían buscar a alguien con uniforme para que se ocupara de ellas. En él habían puesto lo más sagrado que tenían, sus vidas, y esperaban en que no les fallara.

     

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